El alimento de los dioses
El alimento de los dioses Echó a correr hacia él, la mente llena de preguntas y sintiendo un vago temor. Redwood se le acercó y habló sin saludarla previamente:
—¡Tenemos que separarnos! —dijo jadeando.
—¡No! —gritó ella—. ¿Por qué? ¿Qué sucede?
—¡Si no nos separamos, será ahora!
—¿Qué sucede?
—Yo no quiero separarme de ti… Sólo que… —Se interrumpió bruscamente para preguntar a la joven—: ¿No te separarás de m�
Ante lo brusco de aquella pregunta, la joven lo miró con fijeza y contestó con angustia:
—¿Qué ha sucedido? —lo interrogó.
—¿Ni por un tiempo?
—¿Cuánto?
—Años quizá.
—¡Separarnos! ¡No!
—¿Has pensado en ello? —insistió él.
—No quiero que nos separemos. —Le cogió la mano y añadió—: Aunque significara la muerte ahora, no te dejarÃa ir.
—¡Aunque significara la muerte! —repitió él, y ella sintió una fuerte presión en los dedos.
Redwood miró a su alrededor, como si temiera ver llegar la gente pequeña mientras hablaba. Y luego dijo:
—Puede significar la muerte.