El alimento de los dioses
El alimento de los dioses —ExplÃcamelo —dijo ella.
—Intentaron impedir mi venida.
—¿Cómo?
—Al salir de mi taller, donde fabrico el Alimento de los Dioses para los Cossar, que lo almacenan en su campamento, me encontré con un pequeño oficial de policÃa —un hombrecillo vestido de azul, con guantes blancos muy limpios— que me hizo ademán de que me detuviera.
»—No se puede pasar por aquà —me dijo.
»Yo no pensé que aquello significara nada en particular; di la vuelta hacia poniente, por donde pasa otra carretera, y allà habÃa otro oficial.
»—No se puede pasar por esta carretera —dijo. Y añadió—: ¡Todas las carreteras están cerradas!
—¿Y después?
—Discutà un poco con él.
»—Son vÃas públicas —repliqué.
»—Asà es —contestó él—, y usted las hace intransitables para el público.
»—Muy bien —repuse yo—, iré a campo traviesa.
»Y entonces salieron otros policÃas de detrás de los setos, diciendo:
»—Estos campos son de propiedad privada.
»—¡Al cuerno con vuestras propiedades públicas y privadas! —le dije—. Voy a ver a mi princesa.