El alimento de los dioses
El alimento de los dioses —Me han dicho que otro de los gigantes anda suelto —dijo la muchacha del bar enjugando un vaso—. Siempre dije que era peligroso tenerlos tan cerca. Yo les hubiera mandado lejos desde el primer momento… HabrÃa que terminar de una vez con todo eso. Por supuesto que espero que no lleguen hasta aquÃ.
—Me gustarÃa echarle un vistazo —dijo el joven del bar atrevidamente. Y añadió—: Yo he visto a la princesa.
—¿Cree usted que les harán algún daño? —preguntó la muchacha del bar.
—Tal vez se vean obligados a hacérselo —repuso el joven, terminando su vaso.
Entre el rumor de diez millones de frases parecidas a éstas, el joven Caddles hizo su entrada en Londres bar atrevidamente. Y añadió—: Yo he visto a la princesa.
—¿Cree usted que les harán algún daño? —preguntó la muchacha del bar.
—Tal vez se vean obligados a hacérselo —repuso el joven, terminando su vaso.
Entre el rumor de diez millones de frases parecidas a éstas, el joven Caddles hizo su entrada en Londres…