El alimento de los dioses
El alimento de los dioses —No lo entiendo —murmuraba—. No lo entiendo.
Y tomaba por testigo, con palabra entrecortada, la cambiante muchedumbre que lo acompañaba y seguÃa.
—Ignoraba que existieran sitios como éste. ¿Qué hacéis todos vosotros? ¿Para qué sirve todo esto? ¿Para qué sirve y qué relación tengo yo con todo esto?
Sin embargo, habÃa inventado un nuevo dicho. Los jóvenes graciosos e ingeniosos comenzaron a saludarse de este modo:
—¡Hola, Harry O’Cock! ¿Para qué sirve todo esto? ¿Eh? ¿Para qué demonios sirve todo esto?
De esto surgió una gran variedad competidora de réplicas y agudezas, en su mayor parte groseras. La más popular y mejor adaptada al uso general parece haber sido: «¡Cierra el pico!», o, en un tono de desdeñosa indiferencia: «¡Narices!».