El alimento de los dioses
El alimento de los dioses ¿Qué buscaba? Quería algo que el mundo de los pigmeos no le daba, alguna finalidad que el mundo de los pigmeos le impedía alcanzar, deseaba ver algo, y ciertamente nunca pudo acabar de verlo claramente. Era el gigantesco lado social de aquel solitario bruto monstruoso clamando por su raza, por aquello que era semejante a él, por algo que pudiese amar y servir, por un propósito que pudiese comprender y un mando que pudiese obedecer. Y todo esto, como sabéis, estaba embotado, se enfurecía obtusamente en su interior, y aunque se hubiese encontrado con otro gigante no podría haber hallado siquiera una salida ni una expresión en la palabra. Toda cuanta vida conocía era la insulsa vida de los alrededores de su pueblo, toda la conversación la de su casa, cosas que fallaban ante la mera insinuación de sus menores necesidades de gigante. Nada sabía de dinero aquel monstruoso simplón, nada sabía de comercio, ni de las complejas convenciones sobre las que la estructura social de las gentes pequeñas se halla edificada. Necesitaba muchas cosas. Pero, fuera lo que fuera lo que necesitase, nunca pudo satisfacer su necesidad.
Durante todo el día y toda aquella noche de verano marchó errabundo, sintiéndose cada vez más hambriento, pero todavía incansable, admirando el intenso tránsito de las calles, así como los inexplicables negocios de todos aquellos seres infinitesimales. Todo se hallaba sumido en una tremenda confusión…
