El alimento de los dioses
El alimento de los dioses El gigante, parado en una esquina, los contemplaba cada vez más sorprendido.
«¿Para qué servirá todo esto? —murmuraba para sus adentros—. ¿Para qué servirá todo esto? ¡Todos tan activos! ¡Para qué será todo esto que yo no entiendo?».
Y ninguno de ellos parecÃa ver, como veÃa él, la desdicha impregnada de bebida de las mujeres pintadas que aguardaban en la esquina, ni la andrajosa miseria que se escurrÃa por el arroyo, ni la infinita futilidad de todos estos quehaceres. ¡La infinita futilidad! Ninguna de aquellas personas parecÃa sentir ni sombra de las necesidades del gigante, ni sombra del futuro que se habÃa atravesado en sus respectivos caminos…
A un lado y a otro de la calle, unas letras misteriosas se encendÃan y apagaban, letras que si él hubiese sabido leer le habrÃan dado la medida de las dimensiones de los intereses humanos, le habrÃan explicado los fundamentales requerimientos y aspectos de la vida tal como la gente pequeña la concebÃa. En primer lugar aparecÃa una flamÃgera
T
luego seguÃa una U.
TU;
luego una P,
TUP.