El alimento de los dioses
El alimento de los dioses Hasta que, por fin, aparecía el anuncio completo cruzando el cielo, enviando este alegre mensaje a todos aquellos que acusaban seriamente el peso de la vida:
TUPPER
EL VINO TÓNICO QUE REVIGORIZA
Y ¡snap! se desvanecía en la oscuridad de la noche para ser seguido con el mismo lento desarrollo por una segunda solicitud universal:
JABÓN DE BELLEZA
Fijaos bien que no se trataba de simples productos químicos de limpieza, sino de algo, como ahora dicen, «ideal»: y luego, completando el trípode de la vida minúscula:
PÍLDORAS AMARILLAS DE YANKER
Después siguió otra vez Tupper, con unas flamígeras letras carmíneas, a través del vacío:
T U P P : : : :
A primera hora de la madrugada, según parece, el joven Caddles llegó a la umbrosa quietud de Regent’s Park, pasó por encima de la verja y se echó en el césped de un talud, cerca del lugar adonde va la gente a patinar en invierno, y allí durmió una o dos horas. Y a las seis de la mañana ya estaba hablando con una pringosa mujer que había encontrado durmiendo en una zanja, cerca de Hampstead Heath, preguntándole con mucho interés lo que pensaba de ella misma y para qué creía que podía servir en este mundo…