El alimento de los dioses
El alimento de los dioses Hicieron todo lo que pudieron para detenerle. HabÃa un carro, según me han dicho, que iba por todas las calles, de un lado para otro, cargado de rollos de cadenas y de cables de navÃo destinados a servir de ataduras en aquella gran captura. No habÃa intención de matarlo entonces.
—No forma parte de la conspiración —habÃa dicho Caterham—, y no quiero que mis manos se manchen de sangre inocente. —Y habÃa añadido—: …hasta que se hayan agotado todos los medios.
Al principio Caddles no comprendió la importancia de todas estas cosas. Cuando, por fin, lo comprendió, aconsejó a los policÃas que no hicieran tonterÃas y echó a andar a grandes zancadas, que dejó a todos los demás muy rezagados. Las panaderÃas eran las de Harrow Road, y de allà se fue, a través del canal de Londres, a St. John’s Wood. Se sentó en un jardÃn particular para descansar un poco y se vio inmediatamente atacado por otro grupo de policÃas.
—Dejadme tranquilo —rezongó.