El alimento de los dioses
El alimento de los dioses —Creà que serÃa uno de los primeros periódicos de la tarde —dijo.
Luego, levantándose y con un rápido cambio de manera, preguntó:
—¿Qué significa esto…?
Después, Redwood no tuvo noticias de ninguna clase durante dos dÃas.
HabÃan ido con un vehÃculo para llevárselo, pero, cuando se convencieron de que se hallaba realmente enfermo, decidieron dejarlo allà durante un dÃa o dos hasta que pudieran trasladarlo sin peligro. Su casa fue invadida por la policÃa y convertida en cárcel provisoria. Era la misma casa donde habÃa nacido el gigante Redwood y donde por vez primera se habÃa administrado Heracleoforbia a un ser humano. Redwood, que ahora era viudo, habÃa vivido allà ocho años.
Era ahora un hombre de pelo entrecano, con una pequeña barba gris en punta y ojos castaños todavÃa muy activos. Era esbelto y tenÃa una voz suave, como siempre la habÃa tenido, pero sus facciones habÃan adquirido aquella calidad indefinible consecuencia de largas meditaciones sobre cuestiones portentosas. Para el policÃa que practicó la detención, su aspecto ofrecÃa un contraste impresionante con la enormidad de sus delitos.