El alimento de los dioses
El alimento de los dioses Y ahora, en la gran crisis, con los gigantes quebrantados, pero no derrotados, aquel monstruo de los votos se explicaba.
Era evidente que, incluso en las presentes circunstancias, aún tenía que aprenderlo todo. Ignoraba que hubiese leyes físicas y leyes económicas, cantidades y reacciones que todos los votos de la humanidad nemíne contradicente no pueden impedir y que si se desobedecen es a cambio de la destrucción. Ignoraba que hubiese leyes morales que no pueden doblegarse por la fuerza o por la moda del momento, so pena de que vuelvan a enderezarse con vindicativa violencia. Frente a una granada explosiva o «al Día del Juicio Final» era evidente para Redwood que aquel hombre habría ido a refugiarse detrás de algún voto cuidadosamente conseguido en la Cámara de los Comunes.