El alimento de los dioses
El alimento de los dioses —Bensington creyó que podrÃa ser un excelente alimento para los niños —murmuró para sà con una leve sonrisa. Luego volvieron a la mente, tan claras como si estuvieran todavÃa pendientes de resolución, las horribles dudas que lo acometieron después que se hubo comprometido a administrarlo a su propio hijo. De allÃ, con una expansión continua e implacable, y a pesar de todos los esfuerzos humanos para ayudar y oponerse a su diseminación, el Alimento se habÃa esparcido por todo el mundo habitado por el hombre. Y ahora, ¿qué…?
—Aunque los mataran a todos —susurró—, el hecho ya está consumado.
El secreto de la fabricación era conocido en muchas partes. Y esto habÃa sido obra suya. Las plantas, los animales y una multitud de desdichados niños en pleno crecimiento conspirarÃan irresistiblemente para obligar al mundo a volver de nuevo al Alimento, independientemente de lo que pudiera ocurrir en la presente lucha.
—El hecho está consumado —se repitió mientras las ideas se le fijaban sobre el destino de los Niños y particularmente de su propio hijo. ¿Los encontrarÃa agotados por los esfuerzos de la batalla, heridos, hambrientos, al borde de la derrota, o los encontrarÃa aún recios y optimistas, dispuestos para el conflicto aún más formidable del dÃa siguiente…? ¡Su hijo estaba herido! ¡Pero le habÃa enviado un mensaje!
Volvió a su mente la entrevista con Caterham.