El alimento de los dioses
El alimento de los dioses —¿Entonces…?
—Claro que nosotros estamos excluidos de este asunto, somos dos viejos —dijo Cossar con la familiar nota de repentina cólera en la voz—. Claro que estamos fuera de todo eso. Evidentemente. Cada hombre a su época. Y ahora es la época de ellos, la que empieza. Y está muy bien. Trabajo de excavador. Hacemos nuestro trabajo y nos vamos. ¿Comprende usted? Para eso existe la Muerte. Nosotros agotamos la capacidad de nuestros pequeños cerebros y de nuestras pequeñas emociones, y luego llega el relevo y todo empieza de nuevo. ¡Empezar y vuelta a empezar! SencillÃsimo. ¿Qué hay de mal en ello?
Se calló para guiar a Redwood por unos peldaños.
—Sà —dijo Redwood—, pero se siente uno…
Y dejó la frase incompleta.
—Para esto existe la Muerte —oyó Redwood que seguÃa insistiendo Cossar, un poco más abajo—. ¿Cómo podrÃa hacerse si no fuera asÃ? Para esto existe la Muerte.