El alimento de los dioses
El alimento de los dioses —No se trata de que queramos expulsar a la gente pequeña del mundo —dijo—, a fin de que nosotros, que no estamos más que a un grado por encima de su pequeñez, podamos dominar el mundo para siempre. Estamos luchando para conseguir este grado superior, pero no por nosotros mismos… Estamos aquÃ, Hermanos, ¿y con qué finalidad? Para servir el espÃritu y el propósito que han sido infundidos en nuestras vidas. No luchamos por nosotros mismos, porque no somos sino las manos y los ojos momentáneos de la Vida del Mundo. Esto es lo que tú, Padre Redwood, nos enseñaste. Por medio de nosotros y por medio de la gente pequeña, el EspÃritu observa y aprende. Desde nosotros deben pasar, por la palabra, el nacimiento y la acción a otras vidas aún mayores. Esta tierra no es ningún lugar de reposo, no es ningún campo de juego; de no ser asÃ, tanto valdrÃa ofrecer nuestras gargantas al cuchillo de la gente pequeña, ya que no tendrÃamos más derecho a la vida que ellos. Y ellos, por su parte, podrÃan entregarse a las hormigas y a las cucarachas. No luchamos por nosotros mismos, sino por el crecimiento… por el crecimiento que prosigue y proseguirá eternamente. Mañana, tanto si nos toca vivir como si nos toca morir, el crecimiento lo conquistará todo. Ésta es la ley del espÃritu para siempre jamás. ¡Crecer de acuerdo con la voluntad de Dios! ¡Crecer y desarrollarse fuera de estas grietas y hendiduras, fuera de estas sombras y tinieblas, en la grandeza y la luz! ¡Más grande, hermanos mÃos! Y después… aún más grande. Crecer, y luego… crecer más. Crecer, en fin, hasta alcanzar la camaraderÃa y la comprensión de Dios. Crecer hasta que la tierra no sea más que un escalón, hasta que el espÃritu haya reducido el miedo a la nada y se haya esparcido…