El alimento de los dioses
El alimento de los dioses Y señalando el cielo con un amplio ademán, añadió:
—¡Allá!
Cesó su voz. El blanco resplandor de uno de los reflectores giró en redondo y por un momento lo iluminó, erguido y gigantesco, con la mano alzada en dirección al firmamento.
Durante unos instantes fue resplandeciente, la mirada hacia arriba, hacia la inmensidad del espacio, revestido de cota de malla, joven y fuerte, resuelto e intrépido. Después la luz pasó y él permaneció como una gran silueta negra recortada contra el cielo estrellado, una gran silueta negra que amenazaba con gesto imponente el cielo y toda su multitud de estrellas.