El alimento de los dioses

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Lo extraño de aquella experiencia probablemente afectó su puntería; sea por lo que fuere, lo cierto es que erró el tiro, y el monstruo inició un descenso con un colérico «Fuzzzz» que reveló inmediatamente su identidad de avispa, y luego volvió a elevarse con todas sus rayas brillando a la luz del sol. Godfrey dice que la avispa se revolvió contra él. Entonces disparó su segundo cañón a menos de veinte metros, arrojó la escopeta al suelo y dio dos o tres pasos, agachándose para evitar al animal.

Está convencido de que la avispa pasó volando a un metro de él, dio contra el suelo, volvió a elevarse, volvió a caer, quizás a unos treinta metros de distancia, y empezó a dar tumbos por el suelo, contorsionándose y moviendo su aguijón en su última agonía. Godfrey vació los dos cañones de su escopeta por segunda vez sobre el animal antes de aventurarse a acercársele.

Cuando se decidió a medirla vio que tenía setenta centímetros de una punta del ala a la otra, y el aguijón ocho. El abdomen había estallado por la mitad, pero estimó la longitud del animal, de la cabeza al aguijón, como de unos cuarenta y cinco centímetros… lo que es casi exacto. Sus ojos compuestos eran del tamaño de monedas de un penique.


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