El alimento de los dioses

El alimento de los dioses

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—Laz hemoz eztado alimentando hazta ayer, ¡Dios me proteja! Pero ezta mañana no noz atrevimoz, ceñor Bencington. El ruido que producían ha cido algo ezpantozo, ceñor Bencington. Venían a docenaz. Grandez como gallinaz. Yo le digo a ella, le digo, cóceme un botón o doz, le digo, porque no puedo ir a Londrez ací como eztoy, le digo, y voy a ver al ceñor Bencington, le digo, a explicarle lo que ocurre. Y tú quédate en ezta habitación hazta que yo vuelva, le digo, y cierra la ventana y déjala cerrada que no pueda pazar nada, le digo.

—Si usted no hubiese sido tan sucio y descuidado… —empezó a decir Redwood.

—¡Oh, no diga ezo, ceñor Redwood! ¡Y ahora menoz que nunca, ceñor Redwood, que eztoy decezperado penzando en la ceñora Zkinner, ceñor Redwood! ¡Oh, no diga ezaz cozaz, ceñor Redwood! ¡No tengo ánimoz ahora para ponerme a dizcutir con uzted! ¡Que Dioz me proteja, que no tengo ánimoz, vaya! Zon laz rataz laz que me preocupan… ¿Cómo puedo zaber que no han atacado a la ceñora Zkinner mientras yo eztoy aquí?

—¿Y ustet no ha tomado alguna medida de todas esas maravillosas curvas de crecimiento? —preguntó Redwood.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker