El alimento de los dioses
El alimento de los dioses Entonces aquella vieja sucia y desaliñada hizo lo que a mí me parece un acto heroico de caridad. Dejó su fardo y su paraguas en mitad del camino enladrillado, y dirigiéndose al pozo sacó no menos de tres cubos de agua para el vacío abrevadero de los pollos, y mientras éstos se agolpaban en él, descorrió muy suavemente el cerrojo del gallinero. Después de lo cual entró en una fase de gran actividad, volvió a coger su equipaje, franqueó el vallado del fondo del jardín, atravesó los fértiles prados (para evitar el avispero) y se dirigió a toda marcha por el tortuoso camino que conducía hacia Cheasing Eyebright.
Subió jadeando la cuesta, deteniéndose de vez en cuando para descansar de su carga, recobrar el aliento y volverse para mirar hacia abajo en dirección a la casa de campo junto al pinar. Y cuando, por último, al llegar ya cerca de la cima, vio a lo lejos varias grandes avispas que descendían pesadamente hacia occidente, sintió como si le hubiesen crecido alas en los pies.
Pronto salió del campo abierto para entrar en un camino que transcurría entre taludes bastante elevados (que le pareció un sitio más seguro) y de allí, por Hickleybrow Coobe, salió a la llanura. Al comienzo de ésta, donde un gran árbol daba cierta sensación de refugio, la señora Skinner descansó durante un buen rato en los peldaños de un portillo.
Luego prosiguió adelante con decisión…