El alimento de los dioses
El alimento de los dioses —¡Cielos! —exclamó el cura, o (alguien afirma) quizás algo más grave.
Echó a correr, volteando el mazo de croquet y gritando para interceptar el paso al ave:
—¡Detente, maldita! —gritó, como si las gallinas gigantes fueran animales corrientes en el mundo.
Y luego, viendo que le era imposible evitarla, le arrojó el mazo con todo el vigor y toda la fuerza de que disponÃa. Éste fue a parar, después de describir una graciosa curva, a poco más de un palmo de distancia de la cabeza del niño Skelmersdale, rompiendo de paso unos cristales de invernáculo. ¡Crash! ¡El nuevo invernáculo! ¡El nuevo y hermoso invernáculo de la esposa del vicario!