El alimento de los dioses

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Aquello asustó a la gallina. Y habría podido asustar a cualquiera. Soltó a su víctima dentro de un laurel de Portugal, de donde fue extraída inmediatamente, algo descompuesta, pero, salvo en sus poco delicadas ropas, indemne, luego dio un brinco aleteante para alcanzar el tejado de los establos de Fulcher, pero, apoyándose en un sitio inseguro entre las tejas, descendió como si dijéramos desde el infinito a la quietud contemplativa del señor Bumps, el paralítico, que, como sin duda ha quedado probado, en aquella única ocasión de su vida pudo atravesar el jardín, en todo su diámetro y meterse en casa, sin requerir asistencia alguna, cerrando la puerta con llave, para recaer inmediatamente en su habitual estado de resignación cristiana y desvalida dependencia de su esposa…

Los demás pollos fueron acosados por los otros jugadores de croquet, y pasando por el huerto del vicario, se metieron en el campo del médico, a cuya cita acudió también, por fin, el quinto pollo cacareando desconsoladamente después de un fracasado intento pasearse por el pepinar del señor Whiterspoon.





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