El alimento de los dioses
El alimento de los dioses Muchas semanas después, en medio de las carbonizadas ruinas de la Granja Experimental, se halló algo que pudiera haber sido y pudiera no haber sido un omóplato humano y en otra parte de las ruinas un largo hueso muy roído e igualmente dudoso. Cerca del portillo que da hacia Eyebright se encontró un ojo de cristal, con lo que muchas personas descubrieron que Skinner debía una gran parte de sus encantos personales a su posesión. Aquel ojo de cristal observaba el mundo con el mismo inevitable efecto de indiferencia, con la misma melancolía severa que habían constituido la redención de su comportamiento mundano en otros aspectos.
Y en medio de las ruinas, una afanosa búsqueda permitió descubrir los aros metálicos y las cubiertas carbonizadas de dos botones de ropa blanca, tres gemelos enteros y un botón de la clase metálica especial que generalmente se emplea en las suturas menos conspicuas de la economía humana. Aquellos restos fueron aceptados, por personas autorizadas, como pruebas concluyentes de un Skinner destruido y esparcido, pero para satisfacer mi propia convicción, y en vista de su característica idiosincrasia, debo confesar que por mi parte preferiría menos botones y más huesos.