El alimento de los dioses
El alimento de los dioses Soltó las riendas y miró hacia atrás para descubrir a la tercera rata que lo perseguÃa…
El caballo se arrojó hacia delante. La calesa saltó al pasar por un bache. Durante un minuto frenético todo pareció revolverse en saltos y brincos.
Fue una gran suerte que el caballo se cayera en Hankey, y no antes o después de pasar por delante de las casas.
Nadie sabe cómo cayó el caballo: si tropezó o si la rata de la derecha consiguió hincar sus cortantes dientes en su flanco (cargándole el peso entero de su corpachón); el médico no descubrió que a él también lo habÃan mordido hasta que se encontró dentro de la casa del ladrillero, y mucho menos pudo descubrir cuándo recibió la mordedura, a pesar de que ésta era francamente mala: una larga herida cortante, como producida por un tomahawk doble que le hubiese cortado dos tiras paralelas de carne a partir del hombro izquierdo.