El alimento de los dioses
El alimento de los dioses —Prácticamente el asunto acabará por saltar. La gente oirá hablar de este niño, lo relacionará con las gallinas y lo demás, y todo lo que ocurre llegará a oÃdos de mi mujer… Saber cómo se lo tomará es algo de lo que no tengo la más remota idea.
—Es muy difÃcil —dijo Bensington— establecer un plan… ciertamente.
Se quitó los lentes y los limpió con cuidado.
—Ese es otro caso de lo que está ocurriendo continuamente. Nosotros —si es que puedo aspirar al adjetivo— los cientÃficos, trabajamos siempre, como es natural, para obtener un resultado teórico, un resultado puramente teórico. Pero, incidentalmente, ponemos en marcha una serie de fuerzas… que son unas fuerzas nuevas. No podemos dominarlas… y no hay nadie que pueda hacerlo. Prácticamente, Redwood, el asunto se nos ha escapado de las manos. Nosotros proporcionamos el material…
—Y ellos —dijo Redwood volviéndose hacia la ventana— adquieren la experiencia.
—Mientras persista el jaleo de Kent, no estoy dispuesto a ocuparme más del problema.
—A menos de que sea éste el que se ocupe de nosotros.