El bacilo robado y otros incidentes & Cuentos del espacio y del tiempo
El bacilo robado y otros incidentes & Cuentos del espacio y del tiempo Asà que volvieron a meterse en el rÃo y remaron de nuevo hasta el mar, y por la costa hasta el lugar donde crecÃa la mata de arbustos. Aquà desembarcaron, arrastraron la ligera canoa hasta lo alto de la playa y luego subieron hacia el borde de la jungla hasta que pudieron ver la apertura en el arrecife y los arbustos en lÃnea recta. Evans habÃa sacado de la canoa una herramienta de los nativos. TenÃa forma de L, y la pieza transversal estaba armada con una piedra pulida. Hooker llevaba el remo.
—Ahora es todo recto en esta dirección —dijo—. Tenemos que abrirnos camino por aquà hasta que demos con el rÃo. Luego tendremos que explorar el terreno.
Se abrieron camino por una tupida maraña de cañas, anchas frondas, árboles jóvenes. Al principio el camino era muy pesado, pero rápidamente los árboles se hicieron más grandes y, bajo ellos, el suelo se aclaró. La sombra fresca sustituyó gradual e insensiblemente al ardor del sol. Por fin los árboles se convirtieron en enormes pilares que, muy por encima de sus cabezas, sostenÃan un verdoso dosel. Flores blancas y apagadas colgaban de sus tallos y enredaderas como sogas se deslizaban de árbol a árbol. La sombra se hizo más tupida. En el suelo hongos llenos de manchas y de incrustaciones de color marrón rojizo se hicieron frecuentes. A Evans le dio un escalofrÃo.