El bacilo robado y otros incidentes & Cuentos del espacio y del tiempo
El bacilo robado y otros incidentes & Cuentos del espacio y del tiempo La atención del señor Cave se vio rápidamente dirigida hacia las criaturas parecidas a pájaros que tanto abundaban en sus primeras visiones. Pronto corrigió su primera impresión y durante algún tiempo consideró que podían representar una especie diurna de murciélagos. Después pensó, de forma bastante grotesca, que podían ser querubines. Sus cabezas eran redondas y curiosamente humanas, y fueron los ojos de uno de ellos los que le habían asustado tanto en la segunda observación. Tenían anchas alas plateadas, sin plumas, pero que resplandecían casi con el mismo brillo que los peces recién pescados y con el mismo sutil juego de colores, y estas alas, según supo el señor Wace, no estaban hechas a la manera de las alas de pájaros o murciélagos, sino soportadas por costillas curvas que irradiaban del cuerpo —una especie de ala de mariposa con costillas curvas parece lo mejor para indicar su aspecto. El cuerpo era pequeño, pero dotado de dos manojos de órganos prensiles, semejantes a largos tentáculos, inmediatamente debajo de la boca. Por increíble que le pudiera parecer al señor Wace, al final tuvo el convencimiento de que estas criaturas eran las propietarias de los grandes edificios cuasi-humanos y del magnífico jardín que daba tanto esplendor al ancho valle. Y el señor Cave percibió que, entre otras peculiaridades, los edificios no tenían puertas, sino que las grandes ventanas circulares que se abrían libremente eran las que servían de entrada y salida a las criaturas. Se posaban sobre los tentáculos, plegaban las alas reduciéndolas casi al tamaño de un bastón y, saltando, entraban en el interior. Pero entre ellas había una multitud de criaturas de alas más pequeñas, como de grandes libélulas, polillas y escarabajos voladores, y por el césped se arrastraban perezosamente de un lado para otro gigantescos escarabajos de tierra de brillantes colores. Además, en las calzadas y terrazas se veían unas criaturas de grandes cabezas similares a las de las moscas aladas más grandes, pero sin alas, muy ocupadas saltando sobre su manojo de tentáculos en forma de mano.