El bacilo robado y otros incidentes & Cuentos del espacio y del tiempo

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Sin embargo Uya, el viejo león, no estaba fuera, sino en casa y yacía muy quieto, ligeramente de costado. No estaba en su guarida, sino un poco alejado de ella en un lugar de cañas aplastadas. Debajo de un ojo tenía una pequeña herida, el débil mordisco de la primera hacha. Pero todo el suelo bajo su pecho estaba de un moreno rojizo con una raya intensa y en el pecho tenía un pequeño agujero hecho por la lanza de matar. Por el costado y en el cuello los buitres habían dejado marcados sus derechos, pues en esa postura le había matado Ugh-lomi cuándo yacía herido bajo su garra; apuntando de cualquier modo contra su pecho, le había introducido la lanza con todas sus fuerzas, clavándosela al gigante en el corazón. Así fue como el reinado del león, la segunda reencarnación de Uya, el jefe, llegó a su fin.

Desde el montículo el bullicio de la preparación creció con los tajos a las lanzas y piedras arrojadizas. Nadie pronunciaba el nombre de Ugh-lomi por miedo a que eso le convocara. Los hombres iban a estar juntos, muy unidos, cazando un día más o menos. Y su presa iba a ser Ugh-lomi, no fuera que él viniera a cazarlos a ellos.

Pero Ugh-lomi yacía muy quieto y silencioso, fuera de la guarida del león, y Eudena se sentó junto a él con la lanza de fresno toda manchada con la sangre del león en la mano.

V

La lucha en el matorral del león


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