El bacilo robado y otros incidentes & Cuentos del espacio y del tiempo
El bacilo robado y otros incidentes & Cuentos del espacio y del tiempo Ugh-lomi yacía quieto con la espalda contra un aliso, su muslo era una masa roja que daba pánico ver. Ningún hombre civilizado que hubiera sido herido tan gravemente podía haber sobrevivido, pero Eudena le consiguió espinos para cerrar las heridas y se sentó junto a él día y noche, espantándole las moscas con un abanico de juncos durante el día y por la noche amenazando a las hienas con la primera hacha en la mano, y en poco tiempo empezó a cicatrizar. Era pleno verano y no llovió. Poca fue la comida de que dispusieron durante los dos primeros días que tuvo las heridas abiertas. En el sitio bajo donde se escondieron no había ni raíces ni pequeños animales, y la corriente con sus caracoles de agua y peces estaba en campo abierto a cien yardas de distancia. Ella no podía salir durante el día por miedo de la tribu, sus hermanos y hermanas, ni durante la noche por temor a las bestias, tanto por su parte como por la de ellas. Así que compartieron el león con los buitres. Pero había un hilillo de agua cerca y Eudena le trajo cantidad en las manos.