El bacilo robado y otros incidentes & Cuentos del espacio y del tiempo
El bacilo robado y otros incidentes & Cuentos del espacio y del tiempo Durante 10 años estos carriles interiores estuvieron vacíos. Antes de que muriera eran los más abarrotados de todos, y enormes y ligeros armazones con ruedas de veinte y treinta pies de diámetro iban lanzados por ellos a velocidades que año tras año ascendían de forma constante hacia las doscientas millas por hora. Y al tiempo que concluía esta revolución, otra revolución paralela había transformado las ciudades que no dejaban de crecer. Con el desarrollo de la ciencia práctica, las nieblas y la suciedad de la época victoriana desaparecieron. La calefacción eléctrica reemplazó a los fuegos —en el año 2013 el encendido de un fuego que no consumiera completamente su propio humo se consideró una molestia denunciable— y todas las vías de la ciudad, todas las plazas y lugares públicos estaban cubiertos con una sustancia como de cristal de reciente invención. Poner techo a Londres se convirtió en una tarea prácticamente continua. Cierta legislación miope y estúpida contra los edificios altos fue abolida, y Londres, de una achaparrada extensión de pequeñas casas —ligeramente arcaicas en cuanto a diseño—, se levantó sin parar hacia el cielo. A las responsabilidades municipales respecto del agua, la luz y el alcantarillado se añadió otra, y ésa fue la ventilación.