El bacilo robado y otros incidentes & Cuentos del espacio y del tiempo
El bacilo robado y otros incidentes & Cuentos del espacio y del tiempo El cuello postizo de la capa de Denton se rasgó y desprendió cuando retrocedía y también ese perro saboreó la pala y dejó de molestarle. La bestia que le mordía el muslo le sirvió de vaina de la espada.
—¡Contra la pared! —gritó Elizabeth.
Y en tres segundos la lucha llegó a su fin, y nuestros jóvenes estaban codo con codo, mientras los cinco perros restantes con orejas y rabos de desastre huían avergonzados del campo de la derrota. Estuvieron un rato jadeando victoriosos, y luego Elizabeth, dejando caer la pala, se cubrió la cara y se deslizó hasta el suelo llorando a lágrima viva. Denton miró a su alrededor, clavó la punta de la espada contra el suelo para tenerla a mano y se inclinó para consolarla.
Finalmente, sus más tumultuosas emociones remitieron y pudieron hablar de nuevo. Elizabeth se apoyó en el muro y Denton se sentó sobre él de forma que podía ver a cualquier perro que volviera. Dos, en todo caso, estaban arriba en la ladera y seguían ladrando fastidiosamente.
Tenía la cara sucia de llorar, pero ya no se sentía mal porque durante media hora le había estado repitiendo que era muy valiente y le había salvado la vida. Pero un nuevo temor le estaba surgiendo en la cabeza.
—Son los perros de la Compañía de Alimentación —dijo—. Tendremos problemas.