El bacilo robado y otros incidentes & Cuentos del espacio y del tiempo
El bacilo robado y otros incidentes & Cuentos del espacio y del tiempo Que un ciudadano, amable y benéfico en la vida diaria pudiera, como accionista, llegar a una codicia casi asesina, que métodos comerciales que eran razonables y honorables en los antiguos pueblos del campo fueran, en mayor escala, mortales y agobiantes, que la antigua caridad se convirtiera en el moderno empobrecimiento y el antiguo empleo en moderna explotación, que, de hecho, una revisión y ampliación de los derechos y deberes del hombre se había hecho urgentemente necesaria, eran cosas que no podían contemplar, formados como estaban en un arcaico sistema de educación, y profundamente retrospectivos y legalistas en todos sus hábitos mentales. Se sabía que la hacinación de hombres en las ciudades entrañaba riesgos de peste sin precedentes. Hubo un desarrollo enérgico de la sanidad, pero que las enfermedades del juego y la usura, del lujo y la tiranía se hicieran endémicos y produjeran consecuencias horribles no les cabía en la cabeza a los pensadores del siglo XIX. Y así, como si se tratara de un proceso inorgánico prácticamente no obstaculizado por la voluntad creadora del hombre, tuvo lugar el crecimiento de las desgraciadas ciudades colmena que marcan el siglo XXI. La nueva sociedad estaba dividida en tres clases principales. En la parte superior dormitaba el propietario enormemente rico por accidente más que por plan organizado, poderoso salvo en voluntad y en objetivos, el último avatar de Hamlet en el mundo. En la inferior estaba la ingente multitud de obreros empleados por las gigantescas compañías que monopolizaban el control, y, entre estas dos, las menguantes clases medias, funcionarios de innumerables tipos, capataces, administradores, las clases médica, artística y académica y los ricos menos acaudalados, una clase media cuyos miembros llevaban una vida de inseguro lujo y precaria especulación entre los movimientos de los grandes administradores.