El bacilo robado y otros incidentes & Cuentos del espacio y del tiempo
El bacilo robado y otros incidentes & Cuentos del espacio y del tiempo Y así fue cómo, con bastante tenacidad, Bindon se entregó a la tarea de ser la providencia maligna de Elizabeth utilizando con ingeniosa destreza cualquier pizca de ventaja que la riqueza otorgara en aquel tiempo a un hombre sobre sus semejantes. El recurso a los consuelos de la religión no obstaculizó esas operaciones en absoluto. Iba a hablar con un interesante, experimentado y compasivo Padre de la secta Huysmanita del culto de Isis acerca de todas las conductillas irracionales que a él le encantaba considerar como la maldad específicamente suya con la que avergonzaba al cielo, y el interesante, experimentado y compasivo Padre, representando a un cielo avergonzado, con una agradable pretensión de horror sugería penitencias sencillas y fáciles y recomendaba una fundación monástica ventilada, fresca, higiénica y nada masificada para pecadores penitentes visceralmente trastornados de la clase refinada y rica. Y después de estas excursiones Bindon volvía de nuevo a Londres completamente activo y apasionado. Maquinaba con una energía realmente considerable, y pasaba por cierta galería muy por encima de las cintas transportadoras de la calle desde la que podía observar la entrada de las dependencias de la Compañía del Trabajo en el pabellón que cobijaba a Denton y a Elizabeth. Por fin un día vio a Elizabeth entrar y eso renovó su pasión.