El Hombre invisible
El Hombre invisible El marinero sacó un palillo de dientes, que lo mantuvo ocupado un rato. Mientras tanto, se dedicó a observar a aquella figura polvorienta y los libros que tenía al lado. Al acercarse al señor Marvel, había oído el tintineo de unas monedas al caer en un bolsillo. Le llamó la atención el contraste entre el aspecto del señor Marvel y esos signos de opulencia. Y, por este motivo, volvió inmediatamente al tema que le rondaba por la cabeza.
—¿Libros? —preguntó, rompiendo el palillo de dientes.
El señor Marvel, moviéndose, los miró.
—Sí, sí —dijo—. Son libros.
—En los libros hay cosas extraordinarias —continuó el marinero.
—Ya lo creo —dijo el señor Marvel.
—Y también hay cosas extraordinarias que no se encuentran en los libros —señaló el marinero.
—También es verdad —dijo el señor Marvel, mirando a su interlocutor de arriba abajo.
—También en los periódicos aparecen cosas extraordinarias, por ejemplo —dijo el marinero.
—Por supuesto.
—En este periódico… —añadió el marinero.
—¡Ah! —dijo el señor Marvel.