El Hombre invisible
El Hombre invisible —¿Prendiste fuego a la casa? —exclamó Kemp.
—SÃ, sÃ, la incendié. Era la única manera de borrar mis huellas, y, además, estoy seguro de que estaba asegurada. Después, descorrà los cerrojos de la puerta de abajo y salà a la calle. Era invisible y me estaba empezando a dar cuenta de las extraordinarias ventajas que me ofrecÃa serlo. Empezaban a rondarme por la cabeza todas las cosas maravillosas que podÃa realizar con absoluta impunidad.