El Hombre invisible
El Hombre invisible —Nosotros te queremos a ti —dijo un policÃa, dando un paso rápido hacia adelante, y empezando a dar golpes con el atizador hacia el lugar de donde él creÃa que salÃa la voz. El hombre invisible debió retroceder y tropezar con el paragüero. Después, mientras el policÃa se tambaleaba, debido al impulso del golpe que le habÃa dado, el hombre invisible le atacó con el hacha, le dio un golpe en el casco, que se rasgó como el papel, y el hombre se cayó al suelo, dándose con la cabeza en las escaleras de la cocina. Pero el segundo policÃa, que iba detrás del hacha con el atizador en la mano, pinchó algo blando. Se escuchó un agudo grito de dolor, y el hacha cayó al suelo. El policÃa arremetió de nuevo al vacÃo, pero esta vez no golpeó nada; pisó el hacha y golpeó de nuevo. Después se quedó parado, blandiendo el atizador, intentando apreciar el más mÃnimo movimiento.
Oyó cómo se abrÃa la ventana del comedor y unos pasos que se alejaban. Su compañero se dio la vuelta y se sentó en el suelo. Le corrÃa la sangre por la cara.
—¿Dónde está? —preguntó.
—No lo sé. Lo he herido. Estará en algún sitio del vestÃbulo, a menos que pasase por encima de ti. ¡Doctor Kemp…, señor!
Hubo un silencio.
—¡Doctor Kemp! —gritó de nuevo el policÃa.