El Hombre invisible
El Hombre invisible —¿Por qué no me ha pagado la cuenta? —le dijo la señora Hall—. Es lo único que quiero saber.
—Le dije hace tres dÃas que estaba esperando un envÃo.
—Y yo le dije hace dos que no estaba dispuesta a esperar ningún envÃo. No puede quejarse si ha esperado un poco por su desayuno, pues yo he estado esperando cinco dÃas a que me pagase la cuenta.
El forastero perjuró brevemente, pero con energÃa. Desde el bar se escucharon algunos comentarios.
—Le estarÃa muy agradecida, señor, si se guardara sus groserÃas —le dijo la señora Hall.
El forastero, de pie, parecÃa ahora más que nunca un buzo. En el bar se convencieron de que, en ese momento, la señora Hall las tenÃa todas a favor. Y las palabras que el forastero pronunció después se lo confirmaron.
—Espere un momento, buena mujer —comenzó diciendo.
—A mà no me llame buena mujer —contestó la señora Hall.
—Le he dicho y le repito que aún no me ha llegado el envÃo.
—¡A mà no me venga ahora con envÃos! —siguió la señora Hall.
—Espere, quizá todavÃa me quede en el bolsillo…