El Hombre invisible
El Hombre invisible En su intento de atisbar algo a través de la puerta abierta, la multitud habÃa formado un enorme muro, y la persona que estaba más cerca de la posada gritaba:
—Se estuvo quieto un momento, oà el grito de la mujer y se volvió. La chica echó a correr y él la persiguió. No duró más de diez segundos. Después él volvió con una navaja en la mano y con una barra de pan. No hace ni un minuto que ha entrado por aquella puerta. Les digo que ese hombre no tenÃa cabeza. Ustedes no han podido verlo…
Hubo un pequeño revuelo detrás de la multitud y el que hablaba se paró para dejar paso a una pequeña procesión que se dirigÃa con resolución hacia la casa. El primero era el señor Hall, completamente rojo y decidido, le seguÃa el señor Bobby Jaffers, el policÃa del pueblo, y, acto seguido, iba el astuto señor Wadgers. Iban provistos de una autorización judicial para arrestar al forastero.
La gente seguÃa dando distintas versiones de los acontecimientos.
—Con cabeza o sin ella —decÃa Jaffers—, tengo que arrestarlo y lo arrestaré.
El señor Hall subió las escaleras para dirigirse a la puerta del salón. La puerta estaba abierta.
—Agente —dijo—, cumpla usted con su deber.