El Hombre invisible
El Hombre invisible —¿Estaré borracho? —se decÃa el señor Thomas Marvel—. ¿Habré tenido visiones? ¿Habré estado hablando conmigo mismo? ¿Qué…?
—No se asuste —dijo una voz.
—No me utilice para hacer de ventrÃlocuo —dijo el señor Marvel mientras se ponÃa en pie—. ¡Y encima me dice que no me asuste! ¿Dónde está usted?
—No se asuste —repitió la voz.
—¡Usted sà que se va a asustar dentro de un momento, está loco! —dijo el señor Thomas Marvel—. ¿Dónde está usted? Deje que le eche un vistazo… ¿No estará usted bajo tierra? —prosiguió el señor Thomas Marvel, después de un intervalo.
No hubo respuesta. El señor Thomas Marvel estaba de pie, sin botas y con la chaqueta a medio quitar. A lo lejos se escuchó un pájaro cantar.
—¡Sólo faltaba el trino de un pájaro! —añadió el señor Thomas Marvel—. No es precisamente un momento para bromas.
La pradera estaba completamente desierta. La carretera, con sus cunetas y sus mojones, también. Tan sólo el canto del pájaro turbaba la quietud del cielo.
—¡Que alguien me ayude! —dijo el señor Thomas Marvel volviéndose a echar el abrigo sobre los hombros—. ¡Es la bebida! DeberÃa haberme dado cuenta antes.