El Hombre invisible
El Hombre invisible —No es la bebida —señaló la voz—. Usted está completamente sobrio.
—¡Oh, no! —decÃa el señor Marvel mientras palidecÃa—. Es la bebida —repetÃan sus labios, y se puso a mirar a su alrededor, yéndose hacia atrás—. HabrÃa jurado que oà una voz —concluyó en un susurro.
—Desde luego que la oyó.
—Ahà está otra vez —dijo el señor Marvel, cerrando los ojos y llevándose la mano a la frente con desesperación. En ese momento lo cogieron del cuello y lo zarandearon, dejándolo más aturdido que nunca.
—No sea tonto —señaló la voz.
—Me estoy volviendo loco —dijo el señor Thomas Marvel—. Debe haber sido por haberme quedado mirando durante tanto tiempo las botas. O me estoy volviendo loco o es cosa de espÃritus.
—Ni una cosa ni la otra —añadió la voz—. ¡Escúcheme!
—Loco de remate —se decÃa el señor Marvel.
—Un minuto, por favor —dijo la voz, intentando controlarse.
—Está bien. ¿Qué quiere? —dijo el señor Marvel con la extraña impresión de que un dedo lo habÃa tocado en el pecho.
—Usted cree que soy un producto de su imaginación y sólo eso, ¿verdad?