El Hombre invisible
El Hombre invisible —¿Qué otra cosa podrÃa ser? —contestó Thomas Marvel, rascándose el cogote.
—Muy bien —contestó la voz, con tono de enfado—. Entonces voy a empezar a tirarle piedras hasta que cambie de opinión.
—Pero, ¿dónde está usted?
La voz no contestó. Entonces, como surgida del aire, apareció una piedra que, por un pelo, no le dio al señor Marvel en un hombro. Al volverse, vio cómo una piedra se levantaba en el aire, trazaba un cÃrculo muy complicado, se detenÃa un momento y caÃa a sus pies con invisible rapidez. Estaba tan asombrado que no pudo evitarla. La piedra, con un zumbido, rebotó en un dedo del pie y fue a parar a la cuneta. El señor Marvel se puso a dar saltos sobre un solo pie, gritando. Acto seguido echó a correr, pero chocó contra un obstáculo invisible y cayó al suelo sentado.
—¿Y ahora? —dijo la voz, mientras una tercera piedra se elevaba en el aire y se paraba justo encima de la cabeza del señor Marvel—. ¿Soy un producto de su imaginación?
El señor Marvel, en lugar de responder, se puso de pie, e inmediatamente volvió a caer al suelo. Se quedó en esa posición por un momento.
—Si vuelve a intentar escapar —añadió la voz—, le tiraré la piedra en la cabeza.