El Hombre invisible

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Capítulo XI. En la posada de la señora Hall

Para comprender lo que ocurrió en la posada, hay que volver al momento en el que el señor Huxter vio por vez primera a Marvel por el escaparate de su establecimiento. En ese momento se encontraban en el salón el señor Cuss y el señor Bunting. Hablaban con seriedad sobre los extraordinarios acontecimientos que habían tenido lugar aquella mañana y estaban, con el permiso del señor Hall, examinando las pertenencias del hombre invisible. Jaffers se había recuperado, en parte, de su caída y se había ido a casa por disposición de sus amigos. La señora Hall había recogido las ropas del forastero y había ordenado el cuarto. Y, sobre la mesa que había bajo la ventana, donde el forastero solía trabajar, Cuss había encontrado tres libros manuscritos en los que se leía «Diario».

—¡Un Diario! —dijo Cuss, colocando los tres libros sobre la mesa—. Ahora nos enteraremos de lo ocurrido.

El vicario, que estaba de pie, se apoyó con las dos manos en la mesa.

—Un Diario —repetía Cuss mientras se sentaba y colocaba dos volúmenes en la mesa y sostenía el tercero. Lo abrió—. ¡Humm! No hay ni un nombre en la portada. ¡Qué fastidio! Sólo hay códigos y símbolos.

El vicario se acercó mirando por encima del hombro.


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