La isla del doctor Moreau
La isla del doctor Moreau Con frases entrecortadas y jadeos de dolor, le conté lo que habÃa visto, mientras con gran habilidad y rapidez, él me vendaba el brazo. Me lo puso en cabestrillo, se levantó y me miró.
—Se pondrá bien —dijo—. ¿Y ahora qué?
Se quedó pensativo. Luego salió y cerró las puertas del recinto. Estuvo un rato ausente.
A mà me preocupaba sobre todo mi brazo. El otro incidente me parecÃa una de tantas cosas terribles. Me senté en la hamaca y, he de admitirlo, maldije la isla con todas mis fuerzas.
Cuando Montgomery regresó, la leve sensación de dolor que al principio tenÃa en el brazo se hizo insoportable.
Montgomery estaba pálido y mostraba el labio inferior más caÃdo que nunca.
—No he visto ni oÃdo rastro de él —dijo—. Puede que necesite ayuda.
Me miró con sus inexpresivos ojos y acto seguido añadió:
—Era un animal bastante fuerte. Arrancó los grilletes de la pared.
Se dirigió hacia la ventana, luego hacia la puerta, y por fin se volvió hacia mÃ.
—Volveré a buscarlo —dijo—. Puedo dejarle otro revólver. A decir verdad, estoy preocupado.