La isla del doctor Moreau
La isla del doctor Moreau —¿Hay una Ley, tú, Hombre del Látigo? Él está muerto —dijo el Monstruo de pelo gris.
Nos miraban fijamente.
—Prendick —dijo Montgomery, volviendo hacia mà sus inexpresivos ojos—. Está muerto. Es evidente.
Yo habÃa permanecido detrás de él durante toda la conversación. Empezaba a comprender lo que ocurrÃa. Entonces, di un paso al frente y, alzando la voz, exclamé:
—¡Hijos de la Ley! ¡Él «no» ha muerto!
M’ling volvió hacia mà su intensa mirada.
—Ha cambiado de forma. Ha cambiado de cuerpo —continué—. Durante algún tiempo no lo veréis. Está… allà —y señalé hacia lo alto—, y desde allà os vigila. Vosotros no lo veis, pero Él sà os ve a vosotros. ¡Respetad la Ley!
Los miré fijamente y retrocedieron.
—Él es grande. Él es bueno —dijo el Hombre Mono, mirando atentamente hacia el cielo entre los densos árboles.
—¿Y la otra cosa? —pregunté.
—La cosa que sangraba y corrÃa aullando y sollozando también está muerta —dijo el Monstruo Gris, sin dejar de mirarme.
—Eso está bien —masculló Montgomery.
—El Hombre del Látigo… —comenzó el Monstruo Gris.