La isla del doctor Moreau
La isla del doctor Moreau Se dio la vuelta y salió al exterior.
—¡M’ling! ¡M’ling, querido amigo! —gritó.
Tres figuras borrosas se acercaban por la orilla de la pálida playa, bajo la plateada luz de la luna; una de ellas iba cubierta de vendas blancas, las otras la seguÃan como dos manchas negras.
Se detuvieron a observar algo. En ese momento, M’ling dobló la esquina de la casa.
—¡Bebed! —gritó Montgomery—. ¡Bebed, bestias! ¡Bebed como hombres! ¡Vaya, soy el más listo! ¡Moreau se olvidó de esto! Éste es el retoque final. ¡Bebed, os digo!
Y con la botella en la mano, salió corriendo en dirección oeste, mientras M’ling se colocaba entre él y las tres borrosas figuras que lo seguÃan.
Fui hasta la puerta. Hasta que Montgomery se detuvo casi no pude distinguirlos a la luz de la luna. Vi cómo le ofrecÃa coñac a M’ling y que sus figuras se fundieron en una forma confusa.
—¡Cantad! —oà gritar a Montgomery—. ¡Cantad todos! ¡Maldito sea Prendick!… ¡Prendick!
El oscuro grupo se desmembró en cinco figuras que poco a poco se alejaron de mà por la franja de la playa iluminada. Gritaban todos a pleno pulmón, insultándome o dando rienda suelta a esa nueva inspiración motivada por el coñac.