La isla del doctor Moreau
La isla del doctor Moreau Después de recorrer aproximadamente un kilómetro, advertà la presencia de uno de mis tres Monstruos, que salÃa de los matorrales en dirección a mÃ. Las fantasÃas de mi imaginación me habÃan puesto tan nervioso que inmediatamente saqué el revólver. Ni siquiera sus gestos suplicantes consiguieron desarmarme.
Se me acercó con vacilación.
—¡Márchate! —le grité.
La actitud asustadiza y servil de aquella criatura era propia de un perro. Retrocedió un poco, como un perro ahuyentado, y se detuvo, mirándome con ojos suplicantes.
—¡Márchate! —repet×. No te acerques.
—¿No puedo acercarme a ti? —preguntó.
—¡No! Márchate —insistÃ, haciendo sonar el látigo. Luego, sosteniendo el látigo con los dientes, me agaché para coger una piedra y, amenazándolo con ella, logré que se alejase.