La isla del doctor Moreau
La isla del doctor Moreau —Te aseguro que es cierto —dije—. El Maestro y la Casa del Dolor volverán otra vez. ¡Ay de aquel que quebrante la Ley!
Se miraron con extrañeza. Fingiendo indiferencia, comencé a escarbar despreocupadamente el suelo con el hacha. Vi que observaban los profundos cortes que hacÃa en la hierba.
Entonces el Sátiro planteó una duda, y yo le respondÃ. Una de aquellas cosas moteadas puso otra objeción, y una animada discusión surgió en torno al fuego. A cada momento me sentÃa más seguro de mà mismo. Ya no me quedaba sin respiración al hablar, como me sucediera al principio, a causa de la excitación. Al cabo de media hora habÃa convencido a varios Monstruos de la veracidad de mis afirmaciones y habÃa sembrado la duda en los demás.
Estuve pendiente en todo momento de mi enemigo, el Cerdo Hiena, pero no apareció. De vez en cuando me sobresaltaba un movimiento sospechoso, pero mi confianza renacÃa rápidamente. Luego, a medida que la luna descendÃa desde el cenit, los que escuchaban comenzaron a bostezar, mostrando los dientes a la luz de las brasas y, uno a uno, se retiraron a las guaridas del barranco. Temeroso del silencio y de la oscuridad, me fui tras ellos, pues sabÃa que estaba más seguro con varios que con uno solo.