La isla del doctor Moreau
La isla del doctor Moreau El Cerdo Hiena me evitaba, y yo me mantenía alerta a su presencia en todo momento. Mi inseparable Hombre Perro lo odiaba y lo temía intensamente. Estoy seguro de que ésa era la razón de su apego a mí. Pronto comprendí que el Cerdo Hiena había probado la sangre y seguía el mismo camino que el Hombre Leopardo. Construyó una guarida en algún lugar del bosque y se volvió solitario. En una ocasión intenté convencer a los Salvajes para que le diesen caza, pero me faltó autoridad para que actuaran todos a una. Una y otra vez intenté acercarme a su guarida y sorprenderlo desprevenido, pero siempre era más rápido que yo y, al verme o sentir mi olor en el viento, tenía tiempo de escapar. Con sus emboscadas repentinas, también él hacía que los senderos del bosque resultasen peligrosos para mí y para mis aliados. El Hombre Perro apenas se atrevía a alejarse de mi lado.