La isla del doctor Moreau
La isla del doctor Moreau Esto, como digo, sucedió en las primeras semanas de soledad entre las bestias. Durante aquel tiempo respetaron las costumbres establecidas por la Ley y se comportaron con moderación. Volvà a encontrar otro conejo descuartizado —por el Cerdo Hiena, con toda probabilidad—, pero eso fue todo. Fue hacia mayo cuando empecé a detectar cambios evidentes en su forma de hablar y de moverse, una mayor dificultad de articulación, un creciente desinterés por el lenguaje. El parloteo del Hombre Mono era más intenso que nunca, pero resultaba cada vez más incomprensible, más simiesco. Algunos parecÃan estar perdiendo la facultad del habla, aunque comprendÃan lo que les decÃa. ¿Puede alguien imaginar la pérdida y el embotamiento del lenguaje claro y conciso, su creciente ausencia de forma y significado, su transformación en mero sonido vacÃo? Además, empezaban a tener serias dificultades para caminar erguidos. Aunque era evidente que les producÃa mucha vergüenza, de vez en cuando sorprendÃa a alguno corriendo a cuatro patas, incapaz de recobrar la posición vertical. Sujetaban las cosas con mayor torpeza, bebÃan directamente con la boca, roÃan la comida y se mostraban cada dÃa más zafios. Entendà mejor que nunca lo que Moreau me habÃa dicho sobre la «obstinada carne de las bestias». Estaban regresando rápidamente a su estado primitivo.