La isla del doctor Moreau
La isla del doctor Moreau Era ya septiembre u octubre cuando empecé a pensar seriamente en construir una balsa. Por aquel entonces el brazo ya estaba curado y podía servirme de las dos manos. Al principio me sentí impotente. Jamás había hecho un trabajo de carpintería ni cosa parecida, y me pasaba el día en el bosque, cortando troncos e intentando ensamblarlos. No tenía cuerdas ni encontraba con qué fabricarlas; las lianas eran muy abundantes, pero ninguna parecía suficientemente flexible y resistente al mismo tiempo y, con toda mi carga de educación científica, era incapaz de conferirles la flexibilidad y resistencia necesarias. Pasé más de dos semanas rebuscando entre las ruinas del recinto y en el lugar de la playa donde habían quemado los botes, en busca de clavos y otras piezas de metal desperdigadas que pudieran serme de utilidad. De vez en cuando se acercaba a mirar algún Monstruo, pero se alejaba dando saltos en cuanto le gritaba. Luego sobrevino una temporada de tormentas y lluvias torrenciales que retrasaron considerablemente mi trabajo, pero al fin la balsa quedó terminada.