La isla del doctor Moreau
La isla del doctor Moreau Estaba orgulloso de ella. Pero, con esa falta de sentido práctico que siempre ha sido mi perdición, habÃa construido la balsa a más de un kilómetro del mar, y antes de poder arrastrarla hasta la orilla se habÃa hecho pedazos. Tal vez fuera una suerte para mà no poder botarla entonces, pero en ese momento, la desesperación por el fracaso fue tan grande que durante varios dÃas no fui capaz de hacer nada más que vagar por la playa, contemplar el mar y pensar en la muerte.
Pero no tenÃa la menor intención de morir, y ocurrió un incidente que me hizo ver con claridad la insensatez de dejar pasar asà los dÃas, pues los Monstruos eran cada vez más peligrosos. Estaba tumbado a la sombra del muro del recinto, mirando al mar, cuando me sobresaltó el contacto de algo frÃo en el talón y, volviéndome bruscamente, vi al Perezoso que me miraba con asombro. HacÃa tiempo que habÃa perdido el habla y la capacidad de desplazarse con facilidad; el pelo lacio se habÃa vuelto más espeso y sus gruesas garras más ganchudas. Al ver que habÃa llamado mi atención, lanzó un débil gemido, regresó hacia la maleza y se volvió para mirarme.