La isla del doctor Moreau
La isla del doctor Moreau Me puse en pie y me senté a la mesa. TenÃa la cabeza muy cargada y sólo recordaba vagamente lo ocurrido la noche anterior. La brisa matinal entraba gratamente por la ventana sin cristales, lo que unido a la comida despertó en mà una sensación de placer animal. Entonces la puerta que habÃa a mis espaldas —la que daba al patio interior— se abrió. Me volvà y vi el rostro de Montgomery.
—¿Todo bien? —preguntó—. Estoy muy ocupado.
Y volvió a cerrar la puerta. Poco después descubrà que habÃa olvidado cerrarla con llave.
Rememoré la expresión de su rostro la noche anterior, y eso hizo que el recuerdo de todo lo vivido se reconstruyera por sà solo. Cuando volvÃa a ser presa del temor, oà un grito procedente del interior. Pero esta vez no era el puma.
Aparté el bocado que me habÃa llevado a los labios y presté atención. Salvo el rumor de la brisa matinal, todo era silencio. Empecé a creer que mis oÃdos me habÃan engañado.