La Isla del Dr. Moreau
La Isla del Dr. Moreau –En... San Francisco... Reconozco que es muy feo. Y medio bobo. No recuerdo de dónde venÃa. Pero me he acostumbrado a él. Los dos nos hemos acostumbrado. ¿Le sorprende?
–Es antinatural –respondÖ. Hay algo en él ... No piense que soy fantasioso, pero cuando se acerca me produce una sensación desagradable, una especie de tensión muscular. Tiene un toque... diabólico.
Montgomery habÃa dejado de comer mientras yo hablaba.
–¡Qué raro! A mà no me lo parece.
Continuó comiendo y luego añadió:
–No tenÃa la menor idea. La tripulación de la goleta debió de sentir lo mismo... Era evidente que todos estaban en contra del pobre diablo... Ya vio al capitán.
El puma aulló de nuevo, esta vez con más dolor. Montgomery maldijo entre dientes.
Yo estaba casi decidido a interrogarle acerca de los hombres de la playa. Luego, el pobre animal lanzó una serie de alaridos breves y penetrantes.
–Esos hombres de la playa, ¿a qué raza pertenecen?
–Unos tipos excelentes, ¿verdad? –dijo con aire distraÃdo, enarcando las cejas cuando el animal volvió a aullar.